ÍNDICE GENERAL
5 Palabras preliminares
I. LA CRÍTICA DEL FETICHISMO
27 1. El fetichismo en el joven Marx (1835-1857)
28 1.1. De judío y luterano creyente a universitario crítico (1835-1841)
36 1.2. Crítica a la Cristiandad y el origen de la cuestión del fetichismo (de 1842 a octubre de 1843)
41 1.3. Origen de la crítica antifetichista de la Economía Política (de octubre de 1843 a 1844)
50 1.4. Crítica del idealismo religioso (1844-1846)
53 1.5. Crítica al socialismo cristiano por utópico (1846-1849)
55 1.6. Transición teórico-creadora (1849-1856)
59 2. El fetichismo en las cuatro redacciones de El Capital (1857-1882)
60 2.1. El fetichismo en la primera redacción de El Capital (desde 1857)
70 2.2. El fetichismo en la segunda redacción de El Capital (1861-1863)
77 2.3. El fetichismo en la tercera redacción de El Capital (1863-1865)
81 2.4. El fetichismo en la época de la última redacción de El Capital (1866-1882)
91 3. Crítica al carácter fetichista del capital
92 3.1. El fetichismo como «absolutización» de lo relativo
95 3.2. Carácter fetichista del capital en general
107 3.3. Carácter fetichista de cada determinación del capital
118 3.4. Carácter fetichista de la circulación
124 3.5. Carácter de fetichización progresiva del proceso de valorización
II. LAS «METÁFORAS» TEOLÓGICAS
133 4. La teología «metafórica» de Marx
139 4.1. Muerte del Deuteronomio 23, 20-21: nacimiento del capital
152 4.2. Teología «metafórica» o «metáfora» teológica
158 4.3. De la «1ógica» del capital a la «1ógica» simbólica de la metáfora teológica
163 4.4. El «pecado original» como «relación social» en la obra de Marx
170 4.5. La «demonología»: la Bestia apocalíptica como Anti-cristo
174 4.6. La «cristología. y la «trinidad» invertidas.
185 5. El sacrificio cultual al fetiche. Uso de textos Bíblicos
185 5.1. Teología del «pan»: racionalidad simbólica hebreo-cristiana
200 5.2. Un texto bíblico central en el pensamiento de Marx: Mateo 6,19-24 .
296 5.3. Otros textos bíblicos usados por Marx
213 5.4. La lógica «sacrificial» de El Capital
224 5.5. Hacia una «Teología de la liberación ecológica»
235 6. El ateísmo de los profetas de Israel y de Marx
238 6.1. Los profetas contra el ídolo, el fetiche
244 6.2. Marx contra el fetiche moderno, el capital
257 7. Teología «habermasiana» y economía
259 7.1. Paradigma del lenguaje. Teología y comunicación
263 7.2. Paradigma de la «corporalidad viviente». Teología y economía
268 7.3. Trabajo vivo, valor y precio
275 7.4. El «culto» al fetiche y la sacramentalidad eucarística
III. A MANERA DE TRANSICIÓN
287 8. De la «económica» a la «pragmática»
288 8.1. ¿Es posible pasar del «acto-de-trabajo» a una «económica»?
301 8.2. De la «económica» a la «pragmática»
313 INDICE DE ESQUEMAS
Las metaforas teologicas de Marx
PALABRAS PRELIMINARES
Este libro, comenzado antes del 9 de noviembre de 1989, día de la «caída del muro de Berlín», poco o nada debió cambiar lo ya escrito. La pertinencia de Marx crecerá en el futuro, ya que se manifiesta como el gran crítico del capital, más aún si éste pretende ser el Poder triunfante a finales del siglo XX. Su carácter fetichista sin contrapartida lo manifiesta más monstruoso y causa directa de la miseria de gran parte de la Humanidad, en el «Sur» (el llamado Tercer Mundo), en especial desde la destructora guerra del Golfo Pérsico, desde el 15 de enero de 1991, por el control del petróleo. Esperamos que este libro pueda colaborar para una relectura distinta de la obra de aquel gran pensador, filósofo y economista del siglo XIX. Contra lo que piensa el teólogo polaco, Josef Tischner, Marx no sólo no ha muerto, sino que generará nuevo impulso al pensar crítico filosófico, económico y aun teológico.
Poco o nada se ha explorado el tema que pensamos exponer. Aunque parezca paradójico, es una cuestión junto a la cual se ha pasado de largo desde siempre, pero nunca fue descubierta explícitamente. Pienso que era muy improbable que a alguien se le ocurriera que el gran crítico de la religión pudiera abrir un nuevo horizonte... a la teología. En el caso de Hegel existe, por el contrario, una extensa bibliografía. Tanto Hegel, como Hólderlin o Schelling, estudiaron teología, ya que habían pensado ser pastores luteranos.
Posteriormente cambiaron de rumbo —pero de todas maneras la impronta será indeleble[1]. Es sabido que Hegel, como estudiante en Tuebingen, recibió, por la formación teológica que se impartía en el Stift evangélico[2], el impacto de una corriente teológica pietista propia de la región de Wuerttemberg. En efecto, en dicho ducado, el luteranismo ortodoxo había sido hegemónico. Ante él, y como oposición, y a partir de una profunda renovación espiritual y religiosa, surgieron el movimiento pietista (que deseaba la renovación del luteranismo desde dentro de la iglesia) y los movimientos más sectarios separatistas (que intentaban fundar nuevas comunidades religiosas fuera del luteranismo). Además, desde 1733 el duque católico Karl Alexander reinará en Wuerttemberg, el que siendo un militar autoritario movió a los pietistas a comenzar a desarrollar una teología que se oponía al poder, al Estado, y hasta lo consideraban el Anti-cristo. Era una teología que se apoyaba en el «Pueblo de Dios» —pietista—, de los pobres, para la venida en la tierra del «Reino de Dios» por medio de la praxis pietatis, y teniendo como referencia la tradición antigua de Wuerttemberg, ahora corrompida, según la interpretación pietista, tanto por los luteranos ortodoxos como por el duque católico. Era un movimiento que intentaba negar al Dios «lejano» y abstracto de los luteranos, y la doctrina del simul justus etpeccator [al mismo tiempo justo y pecador] que sumía al creyente en un inmovilismo, que llevaba a una vida espiritual estéril, resignada y fatalista, que, de paso, justificaba la dominación de los príncipes luteranos sobre el pueblo de los pobres. El pietista, en cambio, exigía de sus miembros la acción, la praxis, las obras buenas, con un sentido de servicio, de responsabilidad política y aun económica que de alguna manera habían visto realizada en Ginebra por los calvinistas. Este aspecto tan positivo del pietismo llevará a Hegel, contra su primitiva inspiración, a justificar tiempo después la cultura capitalista, que criticará Marx tan duramente; pero adviértase que Marx criticará explícitamente los puritanismos de Inglaterra o el protestantismo de Holanda, pero no el pietismo de Wuerttemberg, al que en cierta manera se ligaba.
Por ello la Aufklaerung alemana, con su visión optimista de la historia (que en el caso de Hegel consiste en el desarrollo del Absoluto mismo: la Heilsgeschichte, Historia de la Salvación) y la afirmación de la bondad de la naturaleza humana (contra un «agustinismo» exagerado o un luteranismo ortodoxo), como en el caso de la «voluntad libre» de la Filosofía del Derecho, pareció ser sólo un movimiento racionalista, consistiendo en realidad, en Alemania (y no en Francia), en un proceso profundamente influenciado por la posición semi-pelagiana (en el sentido de que la acción humana dialécticamente merece la gracia de Dios) del pietismo de Wuerttemberg[3].
Además, este pietismo tendrá profundas influencias del milenarismo de Joaquín de Fiore (con su utopía de los tres reinos: el Reino del Padre del Antiguo Testamento, el Reino del Hijo del Nuevo Testamento, y el Reino del Espíritu Santo[4] que se construye con las buenas obras, para los pietistas con la praxis pietatis). Se tenía, además, una visión histórica de los momentos en que había reinado el Anti-cristo (desde la antigua Babel o Roma, que fue también criticada por los Padres Apologistas o los Padres Alejandrinos o san Agustín, para ser sin embargo aceptada por Eusebio, hasta la Iglesia católica del Joaquín del siglo XII, o el ducado católico de Wuerttemberg en el siglo XVIII). Se trataba algo así como de una Historia universal de las figuras del demonio, del Anti-cristo. El «Pueblo de Dios», la «comunidad» de los creyentes practicantes, aunque pobres y perseguidos, debía luchar contra dicho Anti-cristo.
Fue Spener (1635-1705), el fundador del pietismo alemán, el que expresó claramente: «La realidad de la religión consiste no en palabras, sino en hechos»[5]. Y J. Bengel, el gran teólogo de Tuebingen, expresaba que «doctrina sin vida (Lehre ohne Leben)no es cristiana»[6]. Exigencia de praxis (recuérdese que el libro de los Hechos de los apóstoles lleva en griego el título de: Praxisapóstolon), de obras, y no sólo una fe trágicamente pasiva ante la omnipotencia del Dios de la gracia. El sufrimiento era visto en relación con el mal —éste originaba a aquél—, y el cristiano debía luchar contra el sufrimiento del pueblo para vencer al mal.
Tomemos un ejemplo, el de Kant, en la obra que más influenció al joven Hegel, y que Marx conoció igualmente en su juventud, La religión dentro de los límites de la mera razón.[7] Kant dice explícitamente:
«Frente a la teología bíblica está en el campo de las ciencias una teología filosófica [...] Esta teología [filosófica], con tal que permanezca dentro de los límites de la mera razón y utilice para confirmación y aclaración de sus tesis la historia, las lenguas, los libros de todos los pueblos, incluso la Biblia, pero sólo para sí, sin introducir tales tesis en la teología bíblica [...], ha de tener plena libertad para extenderse tan lejos como alcance la ciencia»[8].
Sin embargo, dicha «teología filosófica» kantiana tiene demasiados elementos positivos del cristianismo, en la versión pietista. Por ejemplo, contra el pesimismo de un cierto agustinismo luterano, escribe Kant:
«El fundamento del mal no puede residir en ningún objeto que determine el albedrío mediante una inclinación, de ningún impulso natural (Naturtriebe)»[9]
Reafirma el principio pietista (y también católico) de que «no lleva la naturaleza la culpa o el mérito, sino que es el hombre mismo autor de ello».[10] De donde afirma «la disposición original al bien en la naturaleza humana»[11]. En la Tercera parte de esta obra, Kant expone «el triunfo del principio bueno sobre el malo y la fundación del Reino de Dios sobre la tierra (Reiches Gottes auf Erden)»[12]. Este es el principio básico del pietismo del siglo XVIII (y de la Teología de la Liberación latinoamericana en el siglo XX, guardando las distancias)[13]. Kant muestra que no es suficiente «un estado civil de derecho»[14], sino que se debe llegar a un «estado civil ético (ethisch)», no meramente de la «comunidad política», sino de una «comunidad ética (ethischen Gemeinen)»[15]. Y bien, «el concepto de una comunidad ética es el concepto de un Pueblo de Dios (Volkes Gottes) bajo leyes éticas»[16]. Estas son, palabra por palabra, el proyecto del movimiento pietista, que se formula de la siguiente manera:
«Una comunidad ética bajo la legislación moral divina es una iglesia que, en cuanto que no es ningún objeto de una experiencia posible, se llama la iglesia invisible[17] [...] La visible es la efectiva unión de los hombres en un todo que concuerda con aquel ideal»[18].
Además, y es bueno no olvidarlo —sobre todo si se tiene en cuenta que Marx comenzará las sucesivas redacciones de El Capital desde una lectura atenta de la Lógica de Hegel—, Hegel había escrito a un amigo que «la única ciencia es la Teodicea»[19]. En la Lógica, esto se torna la tesis generadora de todo el tratado. En efecto, al comienzo de esta obra central en todo el pensar hegeliano se dice que «puede decirse que este contenido es la presentación de Dios tal como él es en su esencia eterna antes de la creación de la naturaleza y de un espíritu finito».[20] El mismo Karl Lówith llegó a escribir que «la Lógica de Hegel es una onto-logía, al mismo tiempo que una teo-logía: una onto-teo-logía»[21]. Lo que para Hegel fue en la Lógica el «desarrollo» de Dios mismo, no es extraño que, aplicada la misma lógica al capital, diera como resultado el «desarrollo» del anti-dios, del Anticristo, de Moloch, el fetiche.
El protestantismo de la región renana, que influenciará la región de Tréveris, la ciudad natal de Marx, recibe igualmente la influencia pietista, como ya lo hemos dicho[22]. En sus clases del bachillerato, Marx tendrá experiencia de todo esto, y, posteriormente, en los ambientes hegelianos de Berlín recibirá dichas posiciones a través de la filosofía vigente. Schelling, Hoelderlin y tantos otros de la misma generación también fueron marcados por el pietismo. En esta tradición debe situarse el idealismo alemán y la Aufklaerung.
Sin embargo, no se ha intentado «leer» sus posiciones filosóficas, éticas, antropológicas e históricas como relacionadas a los problemas teológicos que se plantearon en su época. Si esto se hiciera, podría descubrirse que también Marx da una solución propia a dichos problemas teológicos, como veremos más específicamente en la II parte de este libro. Y, por ello, no es tan admirable que podamos descubrir, como lo haremos, posiciones teológicas en el pensamiento de Marx. De todas maneras, pensamos que es del pietismo alemán de donde Marx bebió su doctrina del Anti-cristo, de la prioridad de la praxis; y así como los pietistas se opusieron a un rey católico, y Hegel a un rey sin constitución ( el prusiano luterano), de la misma manera Marx se opondrá, primero, al Estado luterano ( en su etapa de crítica política como periodista en Alemania), para después lanzar su crítica filosófico-económica contra el capital (desde 1843 en París, posteriormente en Bruselas, y definitivamente en Londres teórica y sistemáticamente a partir de 1857).
En la obra de Marx hay una implícita estrategia argumentativa que deseamos explicitar. Le daremos forma de argumento, tal como nos sugiere St. Toulmin[23], en la Siguiente representación:
y podría expresarse de la siguiente manera. Para Marx:
1) PMa (premisa mayor): si un cristiano es capitalista.
2) PMe (premisa menor): y si el capital es la «Bestia» del Apocalipsis, el «demonio visible»[24].
3) Conclusión: dicho cristiano se encuentra en contradicción práctica.
Todo esto exigirá «pruebas» (y las aportaremos a lo largo de este libro ), pero, a fin de comprender por ahora el argumento.............................






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