«La dialéctica mistificada llegó a ponerse de moda en Alemania, porque parecía transfigurar lo existente. Reducida a su forma racional, provoca la cólera y el azote de la burguesía y de sus portavoces doctrinarios, porque en la inteligencia y explicación positiva de lo que existe abriga a la par la inteligencia de su negación, de su muerte forzosa; porque, crítica y revolucionaria por esencia, enfoca todas las formas actuales en pleno movimiento, sin omitir, por tanto, lo que tiene de perecedero y sin dejarse intimidar por nada».

Karl Marx: Prefacio a la segunda edición de "El Capital".

 

«Lo que la dialéctica marxista rechaza sin remisión posible es el carácter especulativo y, por consiguiente, conservador de una dialéctica que no niega ni supera las contradicciones en espíritu, cuando se trata de negarlas y superarlas en realidad. Si se quiere señalar una característica como específicamente marxista y no hegeliana, se puede escoger sin duda la de la lucha material de contrarios, sobre la base de la cual todas las otras categorías, como negación, negación de la negación, superación o identidad de los contrarios vienen a designar momentos del proceso revolucionario real y no grados de desarrollo del Espíritu absoluto».

Lucien Sève: "Preinforme sobre la dialéctica".

 

«Las contradicciones en una totalidad viva, son “vivas”. Su lucha se modifica en el curso del tiempo. Toma la forma de antagonismo y conduce en fin a la destrucción de la antigua totalidad. En cada sistema hay una contradicción fundamental y contradicciones secundarias. Pero una contradicción secundaria puede devenir dominante en una fase de la evolución. No obstante, el motor constante es la contradicción fundamental. Además, los dos aspectos de la contradicción no son equivalentes. Hay un lado principal que representa lo nuevo, lo “negativo” que se transformará en “positivo”, por la superación de la contradicción».

  1. I. Bitsakis: "Simetría y contradicción".


1.- PRESENTACION:

 

  1. Sichirollo nos recuerda en Dialéctica (Labor, 1976), que en la Ilíada las expresiones en griego antiguo que podemos relacionar con lo que ahora entendemos por «dialéctica», salvando todas las distancias, se refieren a los momentos críticos de opción en circunstancias dramáticas, cuando no trágicas, a la capacidad del ser humano para pensar, decidir y actuar en las situaciones extremas, por ejemplo, en la mitad del combate a muerte, cuando Héctor tiene que decidir qué hacer frente a Aquiles. En la primera cultura clásica griega, por tanto, la dialéctica hacía referencia a capacidad y libertad de decisión en situaciones límite, siendo por tanto un sinónimo de elección y libertad: «Es necesario aceptar la lucha».
  2. Sichirollo nos explica luego que esta visión clásica antigua de la dialéctica fue siendo arrinconada por otra diferente, aséptica, fría, que sacrificaba su identidad de decisión y lucha por la de un simple saber o técnica argumentativa, cercana a la oratoria y a la retórica, un instrumento en manos de la casta de los filósofos que debían regir el destino de la ciudad-Estado en plena decadencia, cuando la democracia había sido derrotada por la oligarquía. La castración de la esencia liberadora de la dialéctica inicial, de su poder argumentativo crítico, fue realizada por Platón y por Aristóteles.

Tuvieron que llegar Marx y Engels para recuperar la inicial fuerza emancipadora de la dialéctica, pero en el nuevo contexto de la lucha de clases entre el capital y el trabajo a escala mundial. Sin embargo, la actualización y vigorización del poder revolucionario de la dialéctica chocó bien pronto, casi al instante, con una tenaz resistencia dentro mismo de una izquierda que no podía superar el paradigma mecanicista y positivista dominante, y tampoco el kantismo. De este modo, bien pronto la negación de la dialéctica fue una bandera del primer reformismo explícitamente expuesto, y su adulteración a simple linealidad determinista fue una obsesión del segundo reformismo, más camuflado y disimulado que el primero. Por último, su amputación y su reducción a simple “manual” fue una obsesión de la casta burocrática triunfante en la URSS desde la segunda mitad de la década de 1920.

Como se aprecia, la actualidad de la dialéctica no depende sólo de su innegable presencia interna en la praxis científico-crítica, que cada vez más entra en contradicción con la naturaleza capitalista del poder tecnocientífico, sino que también depende de los vaivenes de la lucha de clases, de las reacciones teórico-políticas y filosóficas en su contra de la burguesía y del reformismo, que hacen lo imposible por denigrarla e impedir su conocimiento; y además también depende de la pasividad intelectual de muchas izquierdas. «Crítica y revolucionaria por esencia» la dialéctica es un peligro para todo poder opresor, para el reformismo y la burocracia, e incómoda en grado sumo para todo colectivo o persona adormilada, pusilánime y obediente.

Por el contrario, quienes desean impulsar la lucha revolucionaria recurren a la dialéctica cuando toman conciencia de que aumentan las distancias que les separan de la realidad, cuando se dan cuenta de que ya no sirven las formas tradiciones de interpretar la realidad aplicadas hasta entonces porque esta va por delante casi de manera inalcanzable. Son situaciones relativamente frecuentes desde fines del siglo XIX hasta ahora. En estos momentos siempre han surgido marxistas que no han dudado en reivindicar la valía y la necesidad del método dialéctico, de la filosofía marxista en su esencia, para revisar autocríticamente los errores cometidos y abrir nuevas vías de avance.

Precisamente esto es lo que ocurre en la actualidad. Red Roja es una de las organizaciones que más esfuerzo está dedicando a la formación de su militancia en la dialéctica materialista porque ha comprendido que en los momentos actuales la dialéctica materialista se hace más necesaria que nunca antes, y por eso ha iniciado una efectiva pedagogía colectiva, basada en el debate militante, sobre el materialismo dialéctico. El texto que sigue sólo pretende ser una propuesta de método pedagógico para aprender a descubrir la dialéctica interna de y en las luchas de la militancia marxista. Ha sido redactado en respuesta a la petición de Red Roja, como medio de formación a añadir a su Escuela de Cuadros.

El capitalismo español ha llegado a niveles espeluznantes de desempleo, con el 25% de su población potencialmente trabajadora en paro, con un empobrecimiento, precariedad y deterioro de las condiciones de vida y de trabajado nunca conocida desde hace décadas. No hace falta dar cifras ni porcentajes. Sí hace falta decir que de nuevo, a pesar de que las condiciones objetivas están dadas de manera aplastante, dramáticamente aplastante, pese a ello, la respuesta es débil considerando la magnitud del ataque capitalista. Peor aún, la sobreexplotación es tan brutal que asistimos sobrecogidos a tragedias que debieran llevarnos a masivas respuestas en contra de la egoísta, fría y calculada ferocidad del capital: nos referimos a los suicidios de gente obrera y popular que se multiplican como efecto de la crisis y ya concretamente como efecto de los desahucios.

Una de las características del marxismo es su atento estudio autocrítico sobre por qué no se sublevan las masas explotadas, por qué aguantan lo inaguantable con resignación sumisa. En contra de lo que se cree, el marxismo dispone de un complejo, rico y multifacético sistema de teorías entrelazadas que explican por qué no se sublevan las masas, y de entre ellas ahora mismo debemos destacar una muy contundente: la responsabilidad de las organizaciones y partidos revolucionarios en la ignorancia de la dialéctica materialista por parte de la militancia. Una ignorancia hiriente, bochornosa, inaceptable. En última instancia, ese sistema de teorías sobre la pasividad nos remite a la teoría sobre el fetichismo de la mercancía, que no podemos explicar aquí, pero que requiere del dominio de la dialéctica porque se basa en la crítica de la ley del valor-trabajo, ley que Marx descubrió utilizando el método dialéctico, como él mismo reconoce.

Red Roja tomó conciencia de la necesidad de la dialéctica al constatar que las condiciones objetivas para la lucha revolucionaria no facilitaban la multiplicación exponencial de las fuerzas revolucionarias, sino sólo un aumento lineal y lento del llamado «factor subjetivo organizado». Era la misma reflexión que otras fuerzas revolucionarias se hacían desde mediados del siglo XIX en adelante. La efectiva solidaridad internacionalista que caracteriza a las relaciones entre Red Roja —y otras muchas organizaciones estatales e independentistas— y la izquierda abertzale, facilitó de inmediato el que iniciásemos una aplicación a las condiciones estatales de la experiencia limitada pero real en su tiempo del independentismo socialista al respecto. Decimos en su tiempo porque el tsunami represivo del imperialismo franco-español intensificado desde la segunda mitad de los años ’90 y especialmente desde 2003, ha pulverizado todos aquellos avances pedagógicos. Pero siempre sobrevive algo.

 

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